Hay destinos que se visitan… y otros que se viven. La Polinesia Francesa pertenece, sin duda, a este último grupo. Un archipiélago remoto en el corazón del Pacífico Sur donde el lujo no es ostentación, sino espacio, silencio, naturaleza intacta y experiencias diseñadas a medida.
Rodeadas por las aguas cristalinas del Pacífico Sur, Las Islas de Tahiti deslumbran con su belleza natural, su cultura ancestral cuidadosamente preservada y un estilo de vida absolutamente único. Este icónico destino es conocido en todo el mundo por sus playas de arena blanca, sus lagunas de azul turquesa y sus paisajes de ensueño, que van desde atolones de coral hasta imponentes picos volcánicos cubiertos de vegetación.
Consta de 5 archipiélagos: Sociedad, Tuamotu, Australes, Marquesas y Gambier. Las dos primeras son las más conocidas y visitadas. La famosa Bora Bora, con su laguna turquesa infinita y bungalows sobre el agua, se encuentra el archipiélago de la Sociedad.
Lo que realmente une a las 118 islas y atolones de la Polinesia Francesa es el Mana. Mana es el corazón del universo polinesio. Es la fuerza vital y el espíritu que fluye a través de todo, surge de la vida, el amor, el compartir, la belleza, la bondad y las cosas que se funden armoniosamente en nuestro universo. Es la razón por la que si las vistas…ya no querrás regresar….

Un poco de historia:
Cuando James Cook llego a Tahití en 1769, llamó a la isla ‘O’tahiti’, ya que al preguntar a los habitantes respondieron eso mismo, ‘O’Tahití’ porque significa ‘Es Tahiti’.
La isla de Tahití fue fundada en 1818 por un británico protestante, William Crook, quien construyó su casa, la escuela y un templo. Aquello fue creciendo cuando la reina Pomare, dos años más tarde, estableció su corte en Tahití.
Tahití es el centro neurálgico de la Polinesia Francesa. Como sabes, es una isla volcánica, rodeada por un completo arrecife de coral.
Un viaje a la Polinesia Francesa no se limita a contemplar paisajes. Se trata de vivir experiencias irrepetibles, diseñadas según los intereses de cada viajero:
- Navegación privada en catamarán por lagunas cristalinas.
- Almuerzos románticas en motus desiertos, preparadas por chefs locales.
- Buceo con tiburones y mantarrayas acompañado por guías expertos.
- Rituales de spa polinesios con aceites de monoï y flores de tiaré.
- Encuentros culturales auténticos con comunidades locales.
Debido a la ubicación de Polinesia Francesa, podemos distinguir dos estaciones principales:
Desde el mes noviembre hasta mayo, se extiende la estación lluviosa. Los polinesios la definen como el “verano austral”, cuando el clima es especialmente caluroso y muy húmedo porque se produce la temporada de lluvias.
A partir del mes de junio hasta octubre es la estación seca o “invierno austral” donde el clima es fresco y relativamente seco. Las lluvias son puntuales y muy breves, así que tampoco supone mucho problema viajar en esa época. Bañarse en esas aguas cálidas mientras está lloviendo, ¡también es una gozada!
Dato Curioso
Es probable que no lo conozcáis, pero el actor Marlon Brando (conocido en su última etapa por la película de El Padrino, entre otras muchas) en 1967 compro una isla llamada Tetiaroa. En la actualidad en esa isla existe un resort ecológico llamado The Brando.
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